LA LIBERTAD DE LAS GITANAS

Category: Reyes 1

CUENTOS DE AMOR CORTOS


Hace mucho tiempo, hubo un rey que se enamoró de una gitana. Se casaron y desde el primer día la cuidó tanto como si fuera de cristal.

Tenía miedo que huyera; así que la encerró en su reino y lo rodeó con una reja. La reina tenía todo a sus pies, sólo tenía que pedirlo. Le llevó un inmenso parque, con grandes jardines, para que ella se mantuviera entretenida. Ella estaba muy enamorada y para que el rey no se molestara no le expresaba sus deseos de salir del palacio, y pasaba horas y horas admirando la belleza de aquellos parques.

Antes de cumplir su primer año de casada, la gitana dio a luz dos hermosas hijas blancas de pelo rubio, como su esposo. Como regalo ella pidió que el rey le trajera una montaña. El rey mandó a traer la montaña más alta e hizo que la instalaran en medio de los jardines del palacio.

Un año después volvió a tener otras dos hermosas niñas igual de rubias que el rey, y éste nuevamente la complació con su regalo:

Ordenó que el cauce del río pasara en medio del jardín del palacio y hacer con él una fuente que relajara a la reina.

La gitana al ver que el río antes corría libremente y ahora estaba prisionero en el palacio, le causó mucha tristeza.

Un año después, la reina dio nuevamente a luz; pero esta vez fue una niña de pelo negro y tan morena como ella.

Esta vez la gitana pidió cuatro niñeras para que le ayudaran con el cuido de sus hijas; una para cada una de las niñas rubias, y ella se encargaría de su niña “gitana”.

La reina intrigada le preguntó al rey:

-¿Cuál de nuestras cinco hijas será reina cuando yo muera? -preguntó cierto día el rey.

-La que tenga el cabello más largo y hermoso –le respondió.

Entonces la gitana mandó llamar a las cuatro niñeras y les recomendó el cuidado del cabello de sus primeras cuatro hijas, haciendo énfasis que ella cuidaría del cabello de la quinta princesa.

– Lavadlo, cepilladlo y secadlo – les decía – ya que de eso depende quién será la reina.

La princesa morena siempre llevaba su cabello atado con un pañuelo rojo. La reina siempre lo cuidaba en secreto.

Después de varios años murió la reina y el rey llamó a sus cinco hijas y les dijo:

-Debo medirles el cabello, porque el rey vecino quiere casarse con la reina.

Las cuatro princesas rubias tenían el cabello del mismo largo y muy hermoso. La princesa morena al desatar su pañuelo dejó al descubierto un cabello corto que parecía la cabeza de un niño travieso.

-¿Qué has hecho con tu cabello, mujer? –le cuestión el rey.

Mi madre lo recortaba una vez a la semana mientras me decía: “Tu libertad está aquí, hija, en la punta de estas tijeras”.

Y fue de esta forma, como una gitana, amante de la libertad y el campo, salvó a la princesita gitana de estar encerrada en un palacio.

Esta historia me recuerda el corrido de Los Tigres del Norte, La Jaula de Oro: “De que me sirve el dinero si estoy como prisionero dentro de esta gran nación, cuando me acuerdo hasta lloro y aunque la jaula sea de oro no deja de ser prisión”

También me recuerda la historia que conocíamos hace unos días “El Precio de la Libertad”, en donde el coyote renunció a la oferta de “buena vida” que le hacía su amigo, el perro, con tal de no perder lo más preciado que un ser vivo puede tener: Su Libertad.

La gitana, como reina, estaba prisionera en su propio palacio; y no estaba dispuesta a que su “hija gitana” pasara su misma suerte: Renunciar a su Libertad a cambio de un Trono.

Related Articles