EL REY SALOMÓN

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CUENTOS CORTOS PARA REFLEXIONAR


Hace ya miles y miles de años, en una hermosa aldea vivían dos mujeres, una se llamaba Ana y la otra Martha. Cada señora de estas tenía un hijo de brazos.

Eran muy pobres. Vivían en una humilde choza. Para ganarse el sustento, se dedicaban a lavar ropa ajena. Ya de noche, rendidas, se acostaban cada una con su pequeño recién nacido.

Sucedió entonces que una noche, Ana se dio cuenta que su hijito estaba muy frio. Lo miró, lo tocó y con gran dolor entendió que había muerto. Sin pensarlo mucho, se levantó. Puso el pequeño fallecido al lado de Marta y trajo con ella al bebé vivo.

El siguiente día, Marta despertó y vio con gran extrañeza al pequeño de Ana a su lado. Estaba muerto.

-Ana, dijo Martha- tu pequeño ha muerto. Deseo saber por qué razón está a mi lado y mi hijo no está conmigo.

-Ese es tu pequeño –dijo Ana – el mío está acá conmigo y está bien.

-Yo no confundiría a mi hijo ni con mil pequeños más que estuviesen junto a él –dijo Martha-. Deseo saber qué fue lo que sucedió.

-Lo que sucedió es que ayer por la noche lo destripaste cuando estabas dormida y ahora quieres quítame a mi hijo.

-Te repito que ese es mi hijo –gritó Martha-. Si no me lo devuelves vamos a ir a ver al rey Salomón ahora.

El rey Salomón era un rey enormemente sabio y justo que reinaba en ese tiempo.

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De hecho, las dos mujeres con el pequeño fueron a ver al rey Salomón. El rey las recibió y les dijo:

-¿Exactamente en qué puedo servirles?

-Sencillísimo, -afirmó Ana- ayer por la noche Martha, sin caer en la cuenta, aplastó a su pequeño cuando dormía y el día de hoy, al amanecer, piensa que este pequeño que tengo acá es el suyo.

-No es de esta manera –dijo Martha- ayer por la noche murió el hijo de Ana, entonces lo acostó conmigo y se llevó mi hijo.

El rey Salomón pensó un rato. Entonces dijo:

-Bueno, el tema no es tan complicado como pareciera. Descubrir de quién es este pequeño va a ser un tanto bien difícil, pero tengo la solución. Tráigame una espada – le pidió a uno de sus soldados.

-¿Para qué exactamente la espada? –Preguntó Martha.

-Para partir el pequeño a la mitad y darle a cada una, una parte.

-Ah, eso no –gritó Martha muy triste– Si lo tienen que matar, prefiero que se lo den a Ana, así siempre estará vivo.

El rey Salomón, al ver que Ana se había quedado muda, y que Martha con gran sufrimiento prefería perder el pequeño antes que lo matasen, dijo:

-Tu amor de madre, que prefiere perder un hijo ya antes de verlo morir, me ha persuadido. Guardas –llamó – entreguen el pequeño a Martha, que es su auténtica madre.

De este modo fue como el rey Salomón resolvió justamente este caso.

He acá el muy conocido juicio del Rey Salomón (1 Reyes 3:16-28), el cual viene a dar pruebas de la sabiduría que recibió para el bien de su pueblo.

Fijémonos en el modo de actuar de Salomón. Pudo haber despedido a las dos mujeres y no importarle su problema, sin embargo buscó una madre e inventó una solución que no se encontraba en la Ley.

Considero que a todo un pueblo, no le interesa quién sea la persona que lo gobierne, sino que lo importante es su eficacia, eficiencia y lo justo que sea con todos.

El pueblo entendió que su Rey miraba a todas las personas por igual, con la misma comprensión de Dios, el que mira el corazón de todos.

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