Una Noche de Reyes

Érase una vez Una Noche de Reyes En todas las casas los niños dormían plácidamente soñando con los regalos que habían escrito en sus cartas. Pero en una de esas casas, un niño llamado Oscar no podía dormir. Estaba tan nervioso que corría de su cama hacia el comedor, y del comedor a su cama para ver que todo estuviera en su sitio. ”Tres trozos de turrón… para Melchor, Gaspar y Baltasar”. ”Un par de zapatos… para que sepan donde dejar los regalos”. ”Y tres vasos de agua… para Mecha el veloz, Guasón el bromista y Barbas el peludo”. ¿Qué quiénes eran Mecha el veloz, Guasón el bromista y Barbas el peludo?. Pues los tres camellos de los Reyes Magos por supuesto. También ellos se merecían tener un nombre en esta historia, no? ”Óscar, es hora de ir a la cama”.

La mamá de Óscar llevó de la mano al pequeño devuelta a su habitación. Se acomodó a su lado y le sonrió con ternura. ”Es hora de dormir mi pequeño”. ”Jo, pero mami yo quiero esperar despierto a los Reyes Magos ¿Cómo sabrán encontrarme?” ”Eso depende de ti”. ”¿De mi?”. ”De ti, de todos los niños y de una pequeña Estrellita Fugaz”.

¿Quién es esa pequeña estrella fugaz, mamá?” ”Esa es la historia que ahora te contaré”… En una noche mágica, como la de hoy, pero hace mucho, mucho tiempo. Del cielo, caían copos de nieve blanco como bailarinas bailando una canción.

Dejando a su paso un brillante manto blanco que lo cubría todo. Allá, en las alturas del firmamento, en la casa de las estrellas, se habían reunido todas venidas de reinos lejanos. Había estrellas de todo tipo, que competían para ser la mejor estrella de todas, la más brillante. Había estrellas, de un rojo fuego, que al sacudir su cuerpo calentaban todo a su paso. ”Yo soy la más brillante de todas”.

Dijo una de ellas, echando a su paso chispas rojas y anaranjadas. ”Brillo tanto que todo aquel que me ve tiene que apartar sus ojos de mí si no quiere quemárselos” ”jajaja” ”Eso no es nada” dijo una estrella plateada. Su cuerpo de hielo emitía destellos de diamante a su paso ”Si queréis la estrella más brillante, esa debo ser yo, pues a mi paso todo aquel que me ve, se queda congelado como estatuas de hielo, ese es mi poder”.

Hubo un gran alboroto, todas querían ser coronadas como la estrella más brillante del firmamento entonces entre toda esa multitud de estrellas malhumoradas se escuchó una tímida voz que decía. ”Yo también quiero intentarlo”.

Todas se callaron de golpe y se giraron para ver de dónde procedía aquella diminuta voz. Estuvieron un rato mirando hasta que vieron un pequeño puntito blanco situado en un rincón. ”¿Tú? Pero si aún eres muy pequeño”. ”Yo sé que puedo hacerlo”. les contesto. Estrellita fugaz que así se llamaba, se concentró con todas sus fuerzas. Cerró los ojos y pensó en silencio. ”¡Soy Brillante!”.

¡Soy Brillante! Pero al abrirlos lo único que vio y escuchó fueron las risas de las otras estrellas que se burlaban de ella. Triste se marchó de allí, cuando de repente un golpe de viento fuertísimo la tiro del cielo, cayendo en picado hasta aterrizar en… ”¿Qué es este sitio tan oscuro?” ”No se ve nada, de nada” ”El suelo es resbaladizo y pegajoso” ”Aggggg” ”y se mueve” ”Auch” ”Hay como una especie de rocas puestas en fila”. Estrellita fugaz comenzó a golpearlas haciendo un ruido extraño. ”¡Auuuu!”- se quejó alguien y de pronto vio que se abría lentamente algo delante de ella. No podía ser dentro de la boca de…de… ¿Qué era eso? ”¿Perdone que ha dicho?” preguntó Estrellita fugaz. Estrellita se dio cuenta entonces que no entendía nada porque le estaba pisando la lengua a lo que fuera eso. ”Perdone usted, emm…” ”Su majestad el rey mago Baltasar” ”Y te importaría salir de mi boca”. ”Si claro, disculpe, ¿Rey?” ”Si, acaso no ves mi corona”. ”¿Qué ocurre Baltasar?” De pronto aparecieron dos personas más que también portaban sendas coronas. ”Melchor, Gaspar… parece que en esta noche no somos los únicos perdidos”. Tres pares de ojos miraron atentamente a la estrellita y no sabía por qué pero le parecieron muy amables y le hacían sentir como en casa. ”Vaya, vaya…” dijo el rey llamado Melchor.

¿Qué haces tan lejos de tu hogar pequeña? ” ”Que yo sepa… hoy no tiene que haber lluvia de estrellas”. ”Me he caído del cielo” dijo un poco avergonzada la estrellita ”Si tan solo fuera más grande y brillante como las demás”. ”Entonces no serias Estrellita Fugaz y nos podrías ayudar” dijo Gaspar sonriente. ”¿Ayudar?” ”Si, ayudar a conceder sus deseos a los niños buenos” le respondió Baltasar. ”Pero, ¿cómo?” ”Yo solo soy una estrella fugaz y pequeña”.

”No pequeña, eres mucho más que eso, eres la estrella de los niños, la de sus ilusiones y la de los deseos que piden en sus sueños”.

”Y la única, que nos puede ayudar a llegar hasta ellos”. Le dijo Melchor. ”Pero, ¿Cómo lo lograré?” ”Escucha dentro de ti” ”Sus dulces sueños te llegarán” le respondió Gaspar. Y así lo hizo, cerró sus ojos y se concentró. Al principio le costó, no escuchaba nada, pero poco a poco fue oyendo voces, las voces de niños de todos los rincones del mundo. ”Deseo un osito de peluche””Yo deseo que los reyes magos le traigan… un camión de bomberos a mi hermanito” ”Y yo deseo que mamá… se ponga buena y sonría”.

De esta manera, escuchando los sueños de los niños, la Estrellita Fugaz fue guiando el camino de los tres Reyes Magos hacia la casa de cada niño y niña bueno. Y a medida que lo hizo, se sentía tan bien ayudando a los demás que comenzó a sentir un calorcito salir del centro de su pecho. De pronto empezó a brillar y a brillar más que ninguna otra estrella del firmamento. Pues lo que hace brillar más a una estrellita, es su corazón.

Fin.

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