Pulgarcito

Pulgarcito era un niño que había nacido tan pequeño como un pulgar. Era el menor de los siete hijos de un leñador y una leñadora, tan pobres tan pobres que se vieron obligados a abandonar a sus hijos en el bosque. Llegado el momento, Pulgarcito, que había oído el plan de sus padres, fue dejando caer piedras blancas por el camino y así, él y sus hermanos, pudieron volver a su casa justo cuando un golpe de suerte había mejorado la economía de sus padres.

Esta racha de buena suerte duró poco y los padres de Pulgarcito se vieron obligados a abandonar una vez más a sus hijos. Esta vez Pulgarcito fue arrojando migas de pan en lugar de piedras pero los pájaros se las comieron y no fue capaz de encontrar el camino de regreso, así que se vieron obligados a dar vueltas por el bosque hasta llegar a una casa que resultó ser la de un ogro, un ogro aficionado a comer niños, que vivía con su mujer y sus siete hijas.

El ogro, al ver a Pulgarcito y a sus hermanos, se le empezó a hacer la boca agua, e intentó comérselos, pero la mujer le dijo, para, para, marido, mejor los guardamos para cuando escasee la comida. Pulgarcito aprovechó la noche para cambiar su gorro y el de sushermanos por las coronas de las hijas del ogro y así fueron éstas las que, mientras dormían, murieron a manos de su propio padre a la mañana siguiente. Así Pulgarcito y sus hermanos pudieron huir.

Cuando el ogro advirtió lo que había sucedido ¡Ese mocoso me las pagará! persiguió a los niños calzando sus botas de siete leguas, llamadas así porque esa era la distancia que le permitían abarcar con cada zancada. El ogro buscó y buscó a los niños durante tanto rato que acabó agotado y se echó a dormir sin saber que Pulgarcito lo vigilaba.

Pulgarcito le robó al ogro las botas y las usó para llegar hasta el palacio del rey ¡Majestad! dijo Pulgarcito. Me pongo a su servicio como mensajero, El rey quedó encantado con Pulgarcito que en menos de lo que canta un gallo podía llegar a cualquier lugar con aquellas botas mágicas. y eso hizo que Pulgarcito se enriqueciese de tal modo que ni él ni su familia volvieron a pasar hambre jamás.

Autor: Charles Perrault

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