Los Viajes de Gulliver

Al joven Gulliver le encantaba viajar. Era su ilusión desde niño recorrer muchos países y visitar muchos lugares. Por eso, cuando se hizo mayor tomo un barco en busca de aventuras.

Había navegado muchos días cuando llego una terrible tormenta. El barco parecía un pequeño cascaron de nuez entre tantas olas. Y una de ellas lanzo a Gulliver al mar.

Nadando con todas sus fuerzas llego, por fin, hasta una playa donde se desmayo. Fue entonces cuando aparecieron unos seres pequeñísimos que le sacaron de la playa y le ataron. Cuando Gulliver despertó, intento moverse, pero no podía. Estaba rodeado por miles de hombrecitos, que se llamaban liliputienses, y que al principio le tenían miedo, pero luego se hicieron sus amigos.

Como Gulliver tenia mucha hambre, decidieron traerle alimento. Pero la comida era muy, muy pequeña. Así, un buey cabía en la palma de su mano.

Gulliver fue muy feliz en el país de Liliput, donde ayudo a sus amiguitos a apagar incendios, a construir casas y muchas otras cosas. Pero llego el día en que tuvo que marcharse de allí.

En otro de sus viajes llego al país de los gigantes. Era tan altos como árboles y jugaban con Gulliver para divertirse. Nuestro amigo, como buen muchacho les ayudo en muchas cosas se hizo muy famoso entre ellos, hasta que un día tuvo que marcharse otra vez.

Después fue a una isla donde los sabios viven en las nubes y hacen cosas rarísimas. Aprendió que eran grandes conocedores del cielo y de las estrellas. Viajo además a otros muchos lugares.

Pero uno de sus viajes mas interesantes fue ir a un país donde los caballos son como hombres y los hombres como animales salvajes. Allí se hizo amigo de muchos caballos, que eran muy educados.

Era ya muy anciano cuando volvió a Inglaterra a contar a todos las maravillas que había visto, y los muchos amigos que había tenido, recorriendo el mucho.