Leprechaun y el Granjero

Y Catacric Catacrac llegamos a los verdes bosques de Irlanda. Allí detrás de cada árbol hoja y piedra, habitan los pequeños habitantes del mundo mágico de las hadas y los duendes.

Cuenta una leyenda que si caminas por el bosque en plena luna llena y escuchas un martillo golpear, sigue el tick tack tuck y encontrarás a un Leprechaun. Los Leprechauns son unos duendecillos muy traviesos. Trabajan como zapateros de las hadas y se pasan toda la noche cosiendo y remendando zapatos diminutos.

Sólo un zapato, nunca el par pues así más ricos son. Esconden bajo tierra grandes calderos llenos de monedas de oro que muchos humanos quieren encontrar pero muy pocos lo consiguen pues los Leprechauns son muy astutos e inteligentes y nunca se dejan engañar. Para muestra os contaré el cuento del leprechaun y el granjero y ya vosotros juzgareis. Hace mucho tiempo a un joven granjero se le hizo la noche caminando de vuelta a su casa después de un duro trabajo en el campo.

Mientras caminaba por el sendero del bosque vio unas diminutas pisadas verdes que se adentraban entre los árboles y escucho un cántico que decía así: Siguiendo ese sonido el granjero llegó hasta un trébol de cuatro hojas levantó la hoja y descubrió debajo a un pequeño Leprechaun remendando unos zapatos viejos. El granjero recordó que para atrapar a estos duendecillos debes mirarlos fijamente porque si desvías la vista de un pluf desaparecen. Así lo hizo y atrapándolo entre sus manos le dijo:

– Ahora mismo me llevarás donde guardas tu caldero de oro. El duendecillo lucho todo lo que pudo pero no pudo hacer nada porque el granjero no dejaba de posar sus ojos en él. Cansado le reveló donde escondía su tesoro:

-Está bien, está bien, el tesoro se encuentra bajo un arbusto cercano. El granjero que había escuchado historias de que los duendecillos eran muy tramposos se lo llevó consigo al lugar. Al llegar cuál fue su sorpresa cuando descubrió que había cientos de arbustos iguales.

¡Me has querido engañar pequeño duendecillo! Dime cuál de estos arbustos alberga el caldero de oro bajo sus raíces. -Si no hay más remedio te lo diré. Y el leprechaun le señalo uno de ellos. El granjero que no llevaba ninguna herramienta para cavar se quitó uno de sus calcetines de rayas rojas y marco así el arbusto. Cuando se fue a su casa en busca de una pala el leprechaun le recordó que ya no necesitaba sus servicios pues ya había cumplido revelándole su secreto.

El granjero accedió a regañadientes dejarlo en libertad no sin antes hacerle prometer dos cosas: la primera que no iría a quitar el calcetín y la segunda que no se llevaría el oro. Y así lo hizo. Cuando el granjero volvió con su pala a los pocos minutos se encontró que todos los arbustos del lugar tenían el mismo calcetín rojo. La gente dice que a pesar de su tamaño, los leprechauns albergan un corazón enorme y lleno de ganas de hacer travesuras como los niños. Y como ellos su mayor tesoro en realidad no son monedas de oro como creen los mayores sino monedas de rico chocolate escondidas al final del arcoíris. Mmmm y es que ¿ Acaso conocéis algo mejor, mis cuenteros? Y catacric catacroc, este cuento terminó.

Autor: Beatriz Montero.

Fuente: Cuentacuentos Beatriz Montero

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