La Mancha Roja

¡Oh! ¿Y esta mancha? Pedro, ¿Sabes tú algo de esta mancha roja en mi alfombra nueva? Pedro se rascó la cabeza. – Esto… pues ahora que lo dices, mamá, creo que recuerdo algo acerca de esa mancha roja en la alfombra… Pedro se sentó en el sillón de papá y se dispuso a explicar a su madre lo que había sucedido: – Verás mamá, resulta que yo estaba estudiando, como tú me habías dicho…

– Ya, tú estabas estudiando… ¿y? – ¡Que sí! Que yo estaba estudiando ciencias naturales, el capítulo de flora y fauna de África, y, ahí fue cuando empezó todo… – ¿Empezó todo? ¿Qué es lo que empezó, Pedro? Y… ¿qué tiene que ver con la mancha en mi alfombra? – Pues… es que resulta que… estaba yo mirando una foto de esos elefantes africanos tan grandes que hay en la sabana Y… y, de pronto, uno de ellos ¡empezó a moverse! – ¿Empezó a moverse, Pedro, el elefante del libro? ¡Qué barbaridad! – Sí, mamá, empezó a mover, primero… primero una pata y luego empezó a mover la otra y luego de repente empezó a correr por la selva… Y, y, y… entonces, empezó a correr cara a mí y se quiso salir del libro.

¡Ah! ¿que se quiso salir del libro el elefante, Pedro? ¡Qué barbaridad! ¿Y tú qué hiciste? Debiste sentir mucho miedo, ¿no? – No… Al principio al principio no. Yo… intenté cambiar de página, pero el elefante empujaba, así, con su trompa.

Y se salió del libro y empezó a correr por el salón.

– ¿Un elefante corriendo por el salón, Pedro? ¡Habrase visto! ¿Y qué pasó entonces? Y… ¿mi mancha? – Espera, es que… resulta que entonces el elefante empezó a correr y yo… claro, entonces empecé a tener miedo y me escondí dentro del baúl de papá. Pero empecé a hacer señales golpeando con la pipa de papá.

– ¿Señales… y… a quién hacías señales Pedro? – Pues… a los… nativos africanos de la otra página ¡claro! – ¡Ah… Claro!… Claro… ¿y entonces? – Entonces empezaron a… a salir, porque me oyeron y empezaron a salir del libro todos con con sus taparrabos y con arcos y… con flechas y… eran como 300! – ¿Sólo 300 Pedro? – Bueno… a lo mejor eran 400.

Y los 400… empezaron a correr por el salón y disparaban las flechas con los arcos persiguiendo al elefante. Y… y… – ¿Y entonces mataron al elefante y, de ahí, la mancha roja de mi alfombra? – No, mamá… no.. no me has entendido. Espera, es que, entonces empezaron a correr y, entonces yo empecé a lanzar cosas, así, desde el baúl, para que no me atacaran, pero entonces, unos 50 que eran los… peores se pusieron detrás del escritorio y empezaron a hacer fuego.

– Ah… ¿y con el fuego se manchó la alfombra? – No, mamá… que no me has entendido… No, entonces empezaron a perseguirme y entonces yo quería defenderme pero me hicieron prisionero y me ataron los pies y las manos a un… a un árbol… – ¿Te ataron a un árbol, para qué, Pedro? – ¡Porque querían comerme! y entonces empezaron a poner fuego, para para poner una olla y comerme… Entonces, el jefe , les repartió cuchillos y tenedores a todos. Y salsa de tomate para echarme por encima…

– Y, ¿entonces la alfombra se manchó de salsa de tomate? – No… no, mamá, es que no me has entendido… Espera: Lo que pasó entonces fue que una serpiente salió de arriba del árbol y empezó a tirar manzanas y… y frutas desde arriba – Entonces… ¿la alfombra se manchó… de frutas? – No… ¡Espera! Es que entonces, como la serpiente empezó a tirar frutas, yo pude escaparme. Y cuando me escapé, fue cuando encontré el rifle y empecé a disparar al aire, para asustarlos… – Oh… Y, entonces… ¿Se manchó… la alfombra… con el rifle? – ¡No…! Es que, con el rifle, conseguí que se metieran, todos, otra vez, dentro del libro… ¡Todos! Uno por uno... ¡Hasta el elefante! – Espera, Pedro…¿y entonces? ¿la mancha de la alfombra? – Ahora te lo cuento mamá… Es que, resulta que… después del esfuerzo de meter a todos, uno a uno, en su página… pues claro, estaba muy… cansado y me… me había entrado hambre y entonces me fui a la cocina y me hice una tostada y le puse mermelada… de fresa. – ¿De fresa? – Sí, mucha… mermelada de fresa. Y entonces, como estaba tan cansado, me fui al comedor a comérmela en el sofá… y se me cayó al suelo y se manchó… la alfombra.

– ¿De mermelada de fresa? – Sí mamá… de mermelada de fresa. – No de salsa de tomate… ni de sangre de elefante… ni de la escopeta, ni de fruta… de mermelada de fresa. – Sí, mamá, de mermelada de fresa.

– Ahora lo entiendo todo Pedro… – Que… ¿lo entiendes mamá? Y… ¿y qué has entendido? – Hombre, después de una explicación tan clara como la que me has dado, era fácil de entender: Te pusiste a estudiar ciencias naturales, y después de estudiar, un poquitín, empezaste a mirar la foto de los elefantes. Imaginaste una aventura increíble.

Luego te entró hambre, te fuiste a la cocina, te hiciste una… tostada con mucha mermelada de fresa que se te cayó en la alfombra cuando viniste a comértela al sofá. ¿No es eso lo que ha pasado, Pedro? – Yo… esto… … Qué bien me entiendes, mamá! – Qué bien te entiendo, Pedro o.. o qué buena memoria tengo… Me acuerdo de cuando era como tú y cómo… mirando una hormiga o una foto o una nube, me imaginaba historias increíbles… De hecho, ¿qué te parece si coges agua y jabón, vienes y mientras limpiamos la mancha de la alfombra te cuento una aventura que tuve yo una vez con el libro de historia?

Autor: Jara Sanchis

Fuente:  Jara CuentaCuentos