El Oso Cazamariposas

Oso cazamariposas, de Susanna Isern y Marjorie Pourchet Oso vivía en el bosque. Lo que más, lo que más le gustaba era pasear, dormir la siesta junto al lago y coleccionar cosas. Cosas que encontraba entre los árboles. Un día apareció en lo alto de una rama un cazamariposas. ¿Uy, qué podría hacer con esto?, se preguntó Oso.

Cuando llegó al lago, Oso vio en el agua una mariposa que había perdido el equilibrio al posarse en una hoja. Sus alas estaban tan mojadas que no podía levantar el vuelo. Oso se sentó en la orilla, sujetó el cazamariposas y la sacó del agua.

Uy, pobrecita mariposa. Después, con mucho cuidado, Oso la puso a secar sobre su narizota y esperó a que se despertara. Cuando la mariposa abrió los ojos y vio dónde estaba, se asustó tanto tanto que salió volando, antes de verse arrastrada por un lenguetazo. Desde aquel día, cada vez que una mariposa caía al lago, Oso la salvaba y la ponía a secar sobre su narizota. Uy, una mariposa… Pero siempre ocurría lo mismo: en cuanto la mariposa se despertaba, salía volando.

Una mañana de primavera llegó al lago una mariposa enorme: la más grande que había visto Oso en su vida. Sus alas brillaban al sol mientras volaba y bailaba. Cuando la mariposa se acercó al agua, el coletazo de un pez la salpicó y, empapada, se cayó al lago. Oso la rescató Uy, pobre mariposita, la voy a rescatar. y la puso a secar, como de costumbre sobre su narizota. Tenía las alas tan grandes que le cubrían el hocico por completo. Cuando, por fin, la mariposa se despertó, se quedó inquieta, como hipnotizada, frente a los ojos negros de Oso. “¡Me has salvado!“, dijo agradecida. “Yo soy Blanca, ¿y tú?” “Yo… yo soy Oso”, dijo Oso con timidez. Oso y Blanca se hicieron amigos. Pasaban mucho tiempo juntos. A ella le encantaba hacerle cosquillas en las orejas y jugar al escondite. Me voy a esconder. Uno, dos, tres… A él le gustaba contarle historias. Historias secretas del bosque y soplarle suavemente en las antenas. Te voy a soplar. Espera, espera. Un día, cuando trataba de rescatar a una mariposa… Uy, otra mariposita, pobrecita, voy a ayudarla.

Oso se resbaló y cayó al agua. Eran tales sus zarpazos por mantenerse a flote, que el lago parecía un mar agitado. ¡Oso no sabía nadar! Blanca quizo ayudar a Oso, pero el agua salpicaba con fuerza; y, asustada, desapareció entre los árboles. Los animales del bosque tampoco sabían cómo salvarlo. De pronto una gran nube de colores cubrió el lago.

Era una nube de mariposas: todas las mariposas que Oso había salvado durante tanto tiempo. Las mariposas agarraron a Oso con sus patitas y lo levantaron como si fuera una pluma. Con alas de mariposa Oso voló hasta el pico de una montaña. Una vez allí lo pusieron al sol para que se secara. Oso durmió profundamente durante varios días. El sol lo calentaba hasta la tarde. Al caer la noche, las mariposas lo tapaban para que no se resfriara. Por fin, una tarde, Oso despertó. Uy, ahí va, si estoy encima de una montaña.

Las mariposas lo miraban ensimismadas. Cuando vieron que abría los ojos, empezaron a revolotear muy contentas. Desde aquel día, Oso está rodeado de mariposas que lo llevan a todas partes. A veces echa una siesta en las nubes, o se toma una taza de miel con la Luna, y hasta, de vez en cuando, visita a sus primos, Oso Polar y Oso Panda. Pero lo que más, lo que más le gusta a Oso es sentarse junto al lago con su amiga Blanca. Y cuando se cae al agua una mariposa, Uy, pobrecita, una mariposa, voy a ayudarla… Oso la rescata y la pone a secar ¡sobre su narizota! Fin.

Autor: Susanna Isern

Ilustraciones: Marjorie Pourchet.

Fuente: Cuentacuentos Beatriz Montero

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