Alicia en el País de las Maravillas

Alicia y su gato paseaban una tarde por el jardín. Alicia pensaba lo bonito que seria que los animales pudieran hablar e imaginando las cosas que dirían, se quedo dormida. En ese instante vio un conejo blanco con un enorme reloj que corría muy deprisa.

¡Llego tarde!, ¡llego tarde! -decía una y otra vez el conejo.

Alicia lo siguió hasta el hueco de una madriguera.

No se atrevía a entrar en ella, pero finalmente lo hizo.

La niña comenzó a bajar por aquel oscuro agujero, hasta que llego a una habitación redonda y vio como el Conejo Blanco desaparecía por una mesa en la que había una botellita y unas galletas.

Alicia comió una de las galletas y entonces empezó a crecer.

Asustada, se puso a llorar y llorar, y por eso la habitación se fue llenando de agua.

Agarró el frasquito y se lo bebió todo. Entonces comenzó a hacerse pequeñita, pequeñita, tanto que el río de lagrimas la arrastró por la cerradura de la pequeña puerta hasta un extraño jardín.

En ese momento vio como el Conejo Blanco entraba en una casa y ella también lo hizo. Subió unas escaleras y allí encontró una mesa con unas galletas que tenían un cartel que decía: Cómeme.

Aliciaque todavía tenía un tamaño diminuto, se las comió y empezó a crecer nuevamente. Creció tanto que tuvo que sacar las piernas por las ventanas.

Pero cerca habían unas zanahorias y, al comerse una, volvió a ser una niña como todas.

Decidió entonces visitar ese País de las Maravillas. Conoció a una oruga que le mostró un hongo que podía hacerla crecer o encoger.

Siguió caminando por ese extraño país, hasta que encontró una pareja muy rara que celebraba una fiesta. La fiesta de los no-cumpleaños.

La invitaron a tomar pastel y, cuando iba a comerlo, estalló llenándola de merengue. Enfadada por las risotadas de los dos, se marchó corriendo. Llegó a un lugar donde, sobre un árbol, había un gato con una enorme sonrisa. Era el Gato de los Deseos.

El gato le dijo que , si quería saber el camino de regreso a casa, tendría que preguntarle a la reina. Entonces, en el mismo árbol donde estaba el sonriente animal, se abrió una puerta que conducía a unos inmensos jardines.

Unos naipes pintaban de rojo unas rosas blancas. Habían plantado un rosal blanco en lugar de uno colorado y si la reina lo descubría les castigaría.

De pronto, apareció de nuevo el Conejo Blanco. Tocó una trompeta y anunció que llegaba la Reina de Corazones.

La reina, que era gorda y antipática, hizo que Alicia jugara con ella una partida al criquet. Cuando le tocaba el turno a la niña, todos hacían trampa para que así ganara la reina. Al final, la reina ordenó que la hicieran prisionera. Pero Alicia se comió los pedazos de hongo que había guardado. Al momento comenzó a crecer, pero luego se hizo pequeñita.

La reina estaba furiosa y todo el ejército de naipes se lanzó sobre Alicia. Entonces sintió que una mano le tocaba varias veces su hombro. Era su hermana mayor que trataba de despertarla, pues… todo había sido un sueño.

Un sueño con muchas aventuras.

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