Lugares de Terror

Las catacumbas, se encuentran situadas bajo el monasterio de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, pueden ser visitadas y constituyen toda una macabra atracción turística de la ciudad de Palermo.

El monasterio fue edificado sobre un cementerio, bajo el que se excavaron las catacumbas, y desde hace más de 400 años, los monjes, lo usan como lugar de descanso eterno, aunque los buenos resultados obtenidos, hicieron que muchos vecinos de la ciudad, solicitaran que sus seres queridos tambien fueran allí llevados tras su fallecimiento.

La principal atracción es Rosalía Lombardo, la bella durmiente, una joven de dos años, en un estado de conservación tan asombroso, que parece rebosar vida, además de abrir y cerrar los ojos dentro de su urna sellada. El osario de Sedlec es una pequeña capilla católica situada bajo el Cementerio de Todos los Santos en SedlecRepública Checa. Todo comenzó hace más de 700 años, cuando el abad cisterciense Henry, esparció en un pequeño cementerio, tierra traída del Monte Calvario, lo que lo convirtió en un lugar apetecible para ser enterrado. El cementerio se masificó, muchos cuerpos debía desenterrarse para dar cabida a nuevos inquilinos, usando la capilla como almacén para los exhumados. En 1870FrantiÅ¡ek Rint, un tallista, fue contratado para poner los huesos en orden, y su trabajo fue el que observamos en la actualidad: 40.000 esqueletos, conforman la decoración y el mobiliario de la pequeña capilla, en una espeluznante muestra de creación artística con restos humanos, mezclados con representaciones sagradas.

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A 12 kms de la ciudad lituana de Siauliai, existe en enclave muy especial. Una colina plagada de cruces, que ofrece unos ocasos inigualables, rozando lo aterrador. 500 años dicen las leyendas que llevan los lugareños clavándolas en ese lugar.

Sin embargo, una de ellas, fue habitada durante décadas por un hombre, Julián Santana Barrera, quien, perseguido por el espíritu de una joven ahogada, comenzó a colgar muñecas en la isla que habitaba como método de protección, y así, ahuyentar los malos espíritus. Temiendo por su vida, la colección de muñecas aumentó con el paso de los años, tomándolas de la basura o recibiéndolas como obsequio de vecinos de poblaciones cercanas. De poco le sirvió su empeño a Julián, porque su cuerpo sin vida fue encontrado ahogado, de la misma forma, que el espíritu del que estaba intentando protegerse, dejando a la vista de todos un bizarro y aterrador altar que comprende toda la isla donde vivía. El bosque Aokigahara no es una leyenda como muchos piensan. Situado en la falda del Monte Fuji, en Japón, poemas de hace mil años ya lo describen como maldito y hogar de demonios.

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