La Humildad de los Franciscanos

Category: Para Leer 9 0

Cuando se fundó la congregación de los Franciscanos, éstos tenían reglas drásticas y sufrían de gran pobreza; de todas las congregaciones religiosas, los Sacerdotes Franciscanos, son los que más se apegan a los votos de pobreza. Una de esas reglas les prohibía comer carne determinados días al mes; sin embargo si iban de viaje, cómo debían vivir de dádivas, sí les era tolerado comerla.

En uno de esos días, dos franciscanos iban de viaje y en el camino se encontraron con un mercader. Sintieron hambre y los tres entraron a una posada en busca de comida. La posada era muy pobre y sólo tenían un pedazo de carne para los tres.

Ya se disponían los franciscanos a comer cuando les dice el comerciante:

-Hermanos, creo que no van a poder comer de esta carne, puesto que si no estoy equivocado, la regla de su congregación se los prohíbe en estos días, ¿no es cierto?

Los monjes, por humildad, permitieron que el comerciante se comiese toda la carne. Una vez que terminaron de almorzar, se dispusieron los tres a seguir el viaje. Iban a pie; los franciscanos por pobreza y el comerciante por ahorrarse un par de pesos. Caminaron y caminaron hasta el momento en que llegaron a un río muy ancho y profundo.

-Bueno –les dijo el mercader- creo que la Orden de los Franciscanos tiene como regla que sus monjes deben ayudar al prójimo, y –continuó diciendo – Yo no puedo pasar este río a pie y les solicito su ayuda.

Entre los dos Franciscano, siempre y en todo momento muy humilde, lo subieron sobre los hombros de uno de ellos. De pronto, éste se paró volvió la cabeza y preguntó:

-¿ Señor, le dijo el monje, trae algún dinero en esas dos bolsas que carga?

-¡Por supuesto que Sí! – contestó el comerciante con mucha insolencia -¿O piensas que salgo de viaje a hacer negocios sin dinero?

-¡Santo dios! ¡Pobre de mí…!  ¡Pobre de ti!, puesto que debes saber que una de las  reglas de la congregación me prohíbe llevar dinero encima – contestó el Franciscano al tiempo que tiraba al comerciante al río.

El comerciante, al verse de esta forma burlado, entendió que había sido ésta una lección  por haberse aprovechado y abusar de la humanidad y buena fe de los franciscanos.

Moraleja

En todas partes y en todos los tiempos, hay personas que se aprovechan del que tiene al lado.

Todos los individuos en cualquier momento necesitamos de los demás: De otras personas, de los animales y cosas. Somos muy limitados en capacidades, fuerzas y recursos, por lo que siempre necesitaremos pedir ayuda a los demás, y de esta manera les estamos permitiendo que sean generosos.

El problema se da cuando nos encontramos con personas, como el mercader que quiso aprovecharse de la humildad, buena voluntad y esfuerzo de los monjes Franciscanos. Este tipo de individuos los encontramos todos los días entre compañeros de estudio, de trabajo, amigos e incluso en la misma familia.

El gran peligro de este tipo de personas, es que socava la moral de los demás, y además de no aportar, con su egoísmo hace perder la ilusión de los que se entregan y hace crecer el desánimo. Por esta razón, considero que la actitud de los monjes Franciscanos es la acertada, ya que con ello se hace una higiene social para parar a estos individuos.

Related Articles

Add Comment