El Analfabeto

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En un sitio distanciado y apartado de nuestras tierras, allí cerca de las montañas, hace muchos años vivía don Pascual, un señor muy estricto, de poco hablar, muy enojado y de un carácter muy fuerte. Sus quehaceres estaban dedicados al cuido de sus animales de la granja y al cultivo de granos y hortalizas; esa era la manera de sobrevivir al lado de su familia.

Un día recibió carta de un compadre, más como absolutamente nadie en su humilde hogar sabía leer ni escribir, guardaron la carta, mientras que hallaban quien la leyese.

Pasó por el sitio un hombre extraño, de mal semblante y una voz realmente fuerte, a quien le pidieron que leyera la carta. Aquel forastero comenzó a leer el texto: “querido compadre, deseo que me preste inmediatamente doscientos pesos; y le prometo pagárselos cuando venda la cosecha de frijoles que estoy a punto de vender”.

El forastero siguió su camino y don Pascual, le dijo a su mujer : Mirá María, mi compadre Jacinto me está pidiendo que le preste doscientos pesos, y como me habla de una forma tan golpeado que no le voy a prestar nada.

Doña María hizo lo imposible para hacerlo entender que la voz fuerte y golpeada era del hombre que leyó la carta y no del compadre Jacinto, mas don Pascual proseguía confundido y pese a las explicaciones de su esposa no consiguió persuadirse.

Pasados algunos días, pasó por el sitio una señora, a quien le pidieron el favor de leer de nuevo exactamente la misma carta. La señorita la leyó muy dulcemente. Don Pascual, con ademán de satisfacción se dirigió a su mujer y le dijo:  Así  está mejor que hable el compadre, con su  voz suave y buen modo, no como la primera vez. Ahora sí le mandaré  los doscientos pesos.

Cuento de amor

Doña María se puso contentísima y le afirmó a su marido:  Si alguno de nosotros hubiera aprendido a leer  el tono del compadre Jacinto  hubiese sido todavía más cariñoso.

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