LAS CATACUMBAS

LAS CATACUMBAS
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En Cuentos de las Catacumbas son los mejores cuentos de terror basados en la pelicula tales from the crypter de 1972.

Manténganse lo más juntos que puedan, por favor. Durante el reinado de Enrique VIII… cuando disolvieron los monasterios en Inglaterra… y a los ocupantes los torturaron…

los decapitaron en público o los asesinaron en secreto… algunos se escondieron para rendir culto como querían. Son los cuerpos y los esqueletos podridos de esos mártires religiosos… los que verán en la visita guiada.

Estas catacumbas son peligrosas. Y debo advertirles que se queden conmigo… y que no se pierdan.

Por favor, manténganse juntos. Mi broche. Se me habrá caído en algún lado. Gracias. ¿Y bien? ¿Hacia dónde vamos? A la derecha o a la izquierda. Probemos por aquí. – No hay salida.

– Perdón. Elegí mal. No hay salida. Regresemos. No hay salida por ahí. – ¿Quién es Ud.?

– ¿De dónde vino? Todo a su tiempo. ¿Cómo salimos de aquí? – Todo a su tiempo. – Tengo prisa. Puede esperar. – No puede esperar. Tengo una cita. – Siéntense. Todos. Por favor, siéntense.

Siéntense. Les aseguro que tengo un propósito. ¿Cuál propósito? ¿Por qué entró Ud. Aquí? No lo sé. Pasaba por aquí en mi auto y… algo me impulsó. ¿Y cuáles son sus planes cuando parta? ¿Planes? Planes. “Para Joanne. La mejor esposa del mundo. Con amor, Richard”. Y un besote.

EL OBSERVADOR DE BURLEY Feliz Navidad.

COMPAÑÍA DE SEGUROS ESTÁNDAR ¡Mamá! ¡Mamá! Un momento, mi cielo. Subiré enseguida. – ¡Mamá! – ¡Ya voy, Carol! – Carol, ¿qué ocurre, mi cielo? – ¿Ya llegó Santa Claus? Mi cielo, aún no.

Pórtate bien y duérmete. – ¿Puedo verlo cuando venga? – Ya veremos. Pórtate bien y duérmete. O Santa Claus no vendrá. – ¿Qué es esto?

– Nada. Una tarjeta de Navidad de papá. – ¿Sí? Buenas noches. – Buenas noches, mamá. ¡Buenas noches, papá! Interrumpimos este programa con un anuncio especial. Un hombre descrito como un maniaco homicida… escapó del hospital penitenciario para los delincuentes psicóticos. Mide 1.90 metros… pesa 95 kilogramos, tiene ojos oscuros, está calvo… y podría traer un disfraz de Santa Claus… que robó de una tienda en Burley.

EL OBSERVADOR DE BURLEY

Los residentes del condado deben estar alertas… y llamar a la policía si lo ven. Ahora continuamos con el programa de villancicos de Nochebuena. Sangre. Carol. Carol, ¿dónde estás? Ay, no. Llegó, mamá. Lo dejé entrar. Es Santa Claus. Tonterías. No tengo la intención… ¿No la tenía? ¿Y usted? Voy a mi casa a ver a mi esposa y a mis hijos. ¿Y luego? ¿Y luego? ¿Y luego?

– Bien, estoy listo. – ¿Debes ir esta noche, Carl? ¿No puedes dejarlo para mañana? No, temo que no puedo. Mi cita es por la mañana. Tendré que conducir toda la noche.

¿Cuándo regresarás? No lo sé. Veremos cómo resulta. Te llamaré. ¿Les diste las buenas noches a los niños? No. Iba a hacerlo ahora. Buenas noches, papá. Adiós, cariño. No olvides llamarme cuando llegues allá. Te llamaré. Adiós, cariño. – Adiós. Conduce con cuidado. – Sí, claro. SRES. MAITLAND LADERA Los de la mudanza vinieron hoy. Sí, eso veo.

Todo estará allá para cuando lleguemos. Sí. – Qué pena renunciar a un piso así. – Sí, lo sé, cariño. Pero los dos tuvimos que renunciar a muchas cosas, ¿no? Te quiero, Susan. Lo sabes, ¿verdad? Sí, claro que sí. Conoces a alguien y, de pronto, se acabó. Hoy les di un beso a mis hijos y… Me lleva el diablo.

Valdrá la pena para los dos, ¿cierto? Claro que sí. Estás cansado. Déjame conducir. Sí, está bien. Lo siento. Una pesadilla. ¡Cuidado! Susan, ¿dónde estás? ¡Demente tonto! Si quiere suicidarse…

Cariño. ¿Qué pasa? Mira. Contrólate. ¿Qué pasa? Por favor. LADERA ¿Sí? – ¿Quién es? – Soy yo. Carl. No puede ser. ¿Que no puede ser? ¿Qué quieres decir? Carl está… ¿Dónde estuviste? Por favor, váyase.

Mira, he estado loco de la preocupación. ¿Qué sucedió? Los muebles. No lo entiendo. ¿Cómo? Los traje de regreso después del choque. Y quedé ciega. ¿Ciega? Y Carl murió. ¿Murió? Hace dos años. Lo siento.

Una pesadilla. ¡Cuidado! ¿Por eso tenía prisa? – ¿Por dejar a su esposa y a sus hijos? – ¿Qué quiere decir? ¿Cómo lo? ¿Quién es? Le aseguro que tengo un propósito.

– ¿Qué tipo de juego es éste? – ¿Juego? Intenta asustarnos de algún modo. ¿Qué quiere? Mostrarles algo. Algo dentro de su mente.

Algo que son capaces de hacer. No quiero saberlo. Ah, pero debe saberlo. Es preciso. Gracias. – Sabíamos que era Ud. – ¿Sabían que era yo? Pero el querido Punch es muy lindo, ¿no? Sé que algunos de Uds. Deben llegar pronto a casa. Aquí está tu regalito, cariño. Toma. – Gracias, Sr. Grimsdyke.

– De nada. ¿Te cuento algo? Mi esposa se llamaba Helen. Mary Helen Grimsdyke. Siempre le dije Helen. Es un nombre lindo, ¿no? Sí. – Adiós.

– Vamos, Mark. Vamos, Julie. Ven a sentarte aquí. Adiós, Mark. Adiós, Julie. Adiós. Adiós. Había dos pajaritos sentados en un muro. Uno se llamaba Peter. Uno se llamaba Paul.

Vete volando, Peter. Vete volando, Paul. Regresa, Peter. Regresa, Paul. Eso es todo. ¿Creen que podrían hacer eso? ¿Qué ves? A Grimsdyke, desde luego. Su generosidad con los niños. Lo hace todos los años en su cumpleaños. – No sé cómo lo soportas.

– ¿Qué cosa? Vivir enfrente de ese hombre.

Colecciona basura.

Es basurero.

Su casa es un adefesio.

Los juguetes que les da los halla en la basura y los repara.

– ¿Por qué no vende la casa?

– Le he hecho ofertas.

Ese basurero tiene un valor sentimental para él. Dice que su esposa y él vivieron ahí toda su vida de casados. Y quiere morir ahí, igual que ella. Pues, arruina el barrio y deprecia nuestra propiedad.

El interior debe ser un chiquero.

Es dueño de la casa y no debe un centavo.

No podemos hacer nada. Adiós. Nos vemos mañana. Cierren la puerta. Adiós. ¿Nada? ¿Qué rayos has estado haciendo? Alguien hizo un desastre en el jardín del Sr. Baker.

El pobre vecino de Grimsdyke. Se enorgullecía de sus rosas premiadas. Mis rosas premiadas. Años de trabajo arduo. De seguro fueron los perros de Grimsdyke.

Esto es demasiado. Me gustaría hacer una denuncia. Pero no deben llevárselos. Son mis amigos. Sargento, por favor. Es una orden judicial y no tienen licencias.

– No podía costearlas.

– Lo lamento, Sr. Grimsdyke. Sargento, por favor. Mi amor. ¿Mi amor? ¿Estás ahí, mi amor? ¿Estás ahí, mi amor? ¿Puedes oírme? ¿Puedes oírme? ¿Hay algo que desees decirme? SÍ Dame el mensaje.

Espera. PELIGRO Peligro. ¿Peligro? ¿Para quién? ¿Para quién? ¿Para uno de los niños? ¿Para quién? Sólo medítelo, concejal Ramsey. Grimsdyke va a jubilarse dentro de dos años.

Ha hecho bien su trabajo. El ayuntamiento no tiene por qué… Es demasiado viejo. ¿No cree que un hombre más joven? Perdería su pago de la jubilación. Y le ahorraría dinero al municipio. Pobre Grimsdyke. Creo que está desempleado. Las flores están un poco marchitas, ¿o no, mi amor? Pobrecita.

Hay muchas más en el jardín. Te traeré algunas mañana. ¡Jamie! ¡Jamie! Mi pequeño Jamie. No sabía dónde estabas. Qué alegría que no te atraparan. Bienvenido a casa. Será mejor que ahorremos dinero ahora, ¿no? Oye, mira. Helen, mira quién volvió. Nuestro pequeño Jamie.

 

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Eso es estupendo. Tú eres nuestro único amigo ahora. Los niños y tú. Nos pareció amable avisarles lo que estaba ocurriendo. Qué gentil fue al informárnoslo, Sr. Elliot.

Es muy difícil saber qué hacen los hijos cuando no los vemos. Recuerdo que el año pasado… Con ver su casa, se nota que es un viejo cochino.

La llena de niños constantemente. Sabrá Dios cuáles son sus motivos. No olvides lo que dije. No te le acerques. Pero, mamá, es un anciano muy bueno. No discutas conmigo. Tienes prohibido volver a verlo. ¿Por qué no vas a jugar a nuestro jardín? Y no vuelvas a aceptarle dulces.

Carga basura el día entero. Su casa debe estar sucia. Tú y tu Sr. Grimsdyke. Recuerda que no quiero que te le acerques. – Ay, mamá. – Y no se hable más. No lo entiendo.

Todos eran tan amables. Ahora esto. No tengo trabajo. Los niños no vienen. No tengo a nadie para hacerle juguetes. Bueno, no importa. Nos tenemos el uno al otro, ¿verdad, mi cielo? Sólo eso importa. Sólo una vuelta más del tornillo… y venderá su propiedad por poquísimo dinero.

¿Qué tienes planeado? El Día de San Valentín. – Sólo faltan dos semanas. – ¿Y? Le enviaremos tarjetas… de todos los de la ciudad. Hoy tiene mucha correspondencia.

Buenos días. Muchas gracias.

Vaya, qué amables.

Mi cielo, mira. Ni siquiera es Navidad, ¿o sí? No es que importe si lo es o no lo es. ¿Quién podría escribirnos? Veamos. Es una tarjeta del Día de San Valentín. Pero tú eres mi única enamorada. ¿Quién podrá ser? “Ruidosos los niños, empinada la cuesta… acre el perfume, pero Ud. Sólo apesta”. “Ruidosos los niños, empinada la cuesta, acre el perfume, pero Ud. Sólo apesta”. Vaya, creo que eso no me gusta. A ver qué tenemos aquí. POR FAVOR, SÉ MI ENAMORADO “Un árbol es bello si se ve desde una cocina… pero nuestra ciudad no lo es… porque su presencia la arruina”.

“Algunos viven en el campo. Algunos viven en la ciudad, imagínese. ¿Por qué no nos hace a todos un favor? Salte en el río y ahó…”. ¿Qué le ha estado haciendo Grimsdyke a ese chucho? Hace una semana que no deja de aullar. ¿Sabes? Ahora que lo pienso… hace días que no veo a Grimsdyke. Desde el Día de San Valentín. No puede estar lejos si la puerta está abierta. Este lugar está impecable. Creí que estaría sucio.

ESPIRITUALISMO ¿SE VIVE DESPUÉS DE LA MUERTE?

“Pero la misericordia del Señor será eterna… para quienes lo honran… y siempre les hace justicia a sus descendientes. Por cuanto el Dios Todopoderoso quiso en Su sabia providencia… separar de este mundo el alma de nuestro querido hermano… Arthur Edward Grimsdyke, que en paz descanse… por tanto, encomendamos su cuerpo a la tierra.

La tierra a la tierra, la ceniza a la ceniza… el polvo al polvo… con la esperanza y la certeza de la resurrección a la vida eterna… a través de nuestro Señor Jesucristo…”. Qué amable fue al pagar por el entierro. Era lo menos que podía hacer. Era un vecino. ¿Qué es eso? Tarjetas del Día de San Valentín.

Las que sobraron del año pasado cuando… – Debió ser hace un año. – Hoy se cumple. Es el Día de San Valentín. El 14 de febrero. Hace un año exactamente. Me voy a la cama. Hasta mañana. Buenas noches. Buenas noches.

FELIZ DÍA DE SAN VALENTÍ N “Fuiste malvado… y cruel… desde que tengo uso de razón. Ahora realmente… no tienes…”. Es cierto. Es cierto. A mí no me agradaba… A mí no me agrada Grimsdyke.

¿Qué hago yo aquí? Ya lo verá. Bueno, Ralph, temo que no hay más. Se acabó. – ¿Todo? – Más que eso. Tienes deudas. ¿No te advertí que no usaras el dinero que te habían encomendado? – Los riesgos eran muy grandes. – ¿Los riesgos? Las ganancias pudieron haber sido enormes. ¿Qué hago ahora? Bueno, tienes dos opciones. Primero, la bancarrota. Y, según tú, eso sería deshonroso, ¿no? Por favor. Seamos francos. Has hecho cosas deshonrosas en la vida, en los negocios.

Fui duro, implacable, quizá hasta cruel. Sí, para construir el imperio Jason, a veces tuve que serlo. – Nadie tiene que serlo. – Yo lo fui. Es fácil hablar, pero tuve que luchar por subir, por las malas.

Si algunos resultaron heridos, qué pena. Pero siempre pagué mis deudas. No. No me declararé en bancarrota. Pues, si tu intención es tratar de pagar tus deudas… tendrás que empezar a vender cosas valiosas: Propiedades, cuadros, todo. ¿Mi casa? ¿Todas las cosas hermosas que adquirí con el paso de los años? Es la única forma. No lo haré. Temo que tendrás que hacerlo. No hay más remedio.

Tenemos que vender. Sé que es un golpe. Son nuestra vida entera. Todo lo que coleccionamos del mundo. Recuerdo ésa. La compramos en aquella tienda rara en Hong Kong… cuando le vendías armas a… ¿Recuerdas lo que el hombrecillo de la tienda nos dijo al vendérnosla? Sí. “Úsenla…”. “Úsenla prudentemente”.

No sé qué quiso decir con eso. Ralph, ¿habías… visto esta inscripción en la base de la estatuilla? ¿Inscripción? Sí, aquí, en la base. “Tres deseos concedo y no más… a cada uno de mis dueños… así que lleve la cuenta. Cada uno de los deseos se hará realidad… así que cuidado con lo que haga”. No puedo leer el resto, pero la última palabra es… “deplorar”. – ¿Qué significa todo eso?

– “Úsenla prudentemente”.

Ojalá nos concediera tres deseos. Qué tontería. Pero me recuerda un cuento que leí una vez. – ¿Cuál era? – Que pudiéramos pagar nuestras deudas. – “La pata del mono”. Eso era. – Deseo… Lo leí cuando estuve en la escuela. Deseo mucho, pero mucho dinero. – Ay, no. No. – Demasiado tarde. Ya lo hice. Y yo recordé lo que pasó al final del cuento. Pero hasta tú dijiste que era sólo un cuento. Como nuestros tres deseos.

¿Hola? Hola, Charles. – Quiero que vengas a mi oficina. – ¿En este momento? – Sí, enseguida. – ¿De qué se trata? Es muy importante. Se trata de dinero. Me gustaría que vinieras enseguida.

Iré ahora mismo. Era Charles. Quiere que vaya a verlo de inmediato. – Mencionó el dinero. – ¿Dinero? Quizá nuestro deseo se haga realidad después de todo.

– ¿Hola? – ¿Habla el Sr. Gregory? – Sí, él habla. – Lamento informarle, señor… que su cliente, Ralph Jason, murió en un choque de auto. ¿En su auto? Sí, en la carretera, como a 16 km de su casa. ¿Ya le avisó a Enid… a la Sra. Jason? No, aún no. Encontramos unas cartas para Ud. En su bolsillo. Indican que no sólo es su abogado, sino un amigo de la familia.

Nos pareció mejor que Ud. Le avisara. Sí, sí, sí. Sí, claro. Déjemelo a mí. – Se lo diré. – Gracias, señor. ¿Ralph? ¿Muerto? Le encontraron en los restos de su auto. Obviamente perdió el control, se derrapó.

Enid, quizá no sea el mejor momento para hablar de esto, pero… podría aliviar algunas de tus otras preocupaciones. Debes darte cuenta de que este accidente te hace rica. ¿Rica? El seguro de Ralph.

Siempre tuvo una gran póliza… con una indemnización doble por accidente. Charles, deseé mucho, pero mucho dinero. Ralph me dijo que no lo hiciera.

– Es una coincidencia. – No, no es una coincidencia. Esa estatuilla… ofreció concedernos tres deseos. Yo deseé mucho, pero mucho dinero. Ahora voy a desear que Ralph vuelva. ¿Conoces el cuento “La pata del mono”? Es el cuento de la pareja mayor que recibe una pata de mono… que da derecho a tres deseos. Desean dinero y obtienen el dinero… porque su hijo muere… aplastado en una máquina, en su fábrica.

– No desees que Ralph vuelva. – ¿Por qué no? En el cuento, su madre desea que su hijo vuelva, y él regresa… pero en el estado en el que murió: Mutilado, destrozado, despedazado.

Debo tener cuidado y no cometer el mismo error. Desearé que Ralph vuelva como estaba antes del accidente. Deseo… que Ralph vuelva exactamente como estaba… inmediatamente antes del accidente. – Ábranlo. Rápido. – No, no. No mires. Su cuerpo quedó destrozado en el choque.

¿Destrozado? No quedó destrozado. El Sr. Jason murió de un infarto al volante. Deseé que volviera como estaba inmediatamente antes del accidente.

Pero ya estaba muerto, de un infarto. El accidente no lo mató.

Sólo un deseo más. – Por favor, vete. Déjame sola. – Por favor… Quiero estar sola con él, por favor. Sólo un deseo más. Sólo uno. No debo desaprovecharlo.

Debo tener cuidado. Ay, por favor, por favor… deseo que Ralph esté vivo ahora.

No quiero que muera nunca.

Quiero que se mueva, que respire, que hable, que esté vivo… ahora y para siempre. – ¡Ayúdame! – ¿Qué sucedió? ¿Qué has hecho? Deseé que viviera para siempre. ¿No ves que lo embalsamaron? Tiene líquido para embalsamar en las venas… y lo quema. ¡Enid! ¡Haz algo! ¡Por Dios santo, Enid! ¡Ayúdame! ¡No! ¡No! ¡Enid, no! Pero ¿no lo ves? Deseaste que viviera para siempre. No puedes matarlo.

Cada parte de él sigue con vida. Está vivo y sufrirá… para siempre. ¿Y bien? ¿Qué vio? – ¿Qué vio? – Lo más importante es lo que Ud. Verá. ¿Quién es? ¿Qué quiere de nosotros? – Advertirles lo que podría ocurrir. – No me importan sus advertencias. – Quiero salir de aquí. – Muy bien. Pero debería escuchar la advertencia.

EL MRIDGE HOGAR PARA CIEGOS

– ¿Sr. Rogers? – Mayor Rogers. Muéstreme mi habitación y que alguien traiga mi maleta, ¿quiere? Shane, ven. Qué bien portado. Había cuadros en la pared. ¿Dónde están? Eran propiedad de su predecesor, señor.

Deberíamos conseguir otros. Iré a Londres, buscaré en las galerías. ¿Dónde están los hombres, los pacientes? Fueron a almorzar, señor. Querrá decir a cenar, ¿no? Provecho, Sr. Carter. Gracias, Harry. Buenos días. Soy Rogers. El mayor William Rogers.

Soy su director nuevo y hoy asumo mis deberes. He tenido mucha experiencia con los hombres como oficial del Ejército. Les prometo que haré este trabajo lo mejor que pueda.

Espero que todos congeniemos. Si tienen quejas, será un placer… atenderlos en mi oficina a cualquier hora. – Buenos días. – Buenos días. Buenos días.

Bien, Shane… después de hacer algunos cambios… creo que nos va a gustar el lugar. ELMRI DGE HOGAR PARA CI EGOS Está helado. Ahora siempre está así. ¿Te encuentras bien, muchacho? Muy bien. Te traeré una manta extra. ¿Sí? Los hombres me pidieron que viniera a hablar con Ud. ¿Sí? Se trata de la calefacción.

Ha hecho mucho frío las últimas noches. Queríamos saber si Ud… Por economía, la calefacción se apaga todas las noches a las 20:00 h. Todos deberían estar en la cama.

No tiene caso que se queden despiertos. – No pueden ver nada. – Las camas están frías. No hay suficientes mantas. Dirijo este lugar con la mayor eficiencia y economía posibles. Temo que el presupuesto actual no incluye el costo de mantas nuevas. ¿Sabe algo de los ciegos? No, no sabía nada antes de tomar este empleo. Pero estuve en el Ejército 20 años y ahí aprendí a lidiar con los hombres. Con todo respeto, señor, no somos soldados.

Y los ciegos no son como los videntes. Perdimos un sentido… pero la pérdida de ese sentido sólo tiende a agudizar los otros. ¿Sabe lo que eso significa? Sentimos las cosas con más intensidad.

Si la comida es mala, a nosotros nos sabe peor. Si un cuarto está sucio, sentimos hasta la última mota. Si un insecto sale corriendo por el piso, lo oímos.

Y si hace frío, sentimos más el frío. ¿Por qué no vende ese cuadro y compra combustible o mantas extras? No sabía que la administración de gastos de este centro… se la hubieran encomendado a Ud., Sr. Carter. Buenos días. – No sabe a nada.

– Es una cosa asquerosa. No tiene carne. Lo siento, viejo, ya no hay.

¿No puedo repetir? Cortaron las raciones, ¿sabe? El director dice que hace lo que puede con estos precios tan altos. Es la costumbre tocar a la puerta de una oficina privada.

¿Qué quieren? ¿No ven que estoy almorzando? ¿Qué es? ¿ Un filete jugoso, mientras que nosotros comemos bazofia? Les doy lo mejor dentro de los límites de mi presupuesto.

– Pero Ud. Come carne y bebe vino. – Soy el oficial a cargo. – ¡No estamos en el maldito Ejército! – Sr. Carter. En el reino de los ciegos, el tuerto es rey. Shane, quieto. Toma.

EL MRIDGE HOGAR PARA CIEGOS Un médico.

Ve por un médico. ¿No ve que pasa de la medianoche? Un médico. ¿Quién quiere un médico? Greenwood, señor. ¿No puede esperar a mañana? Está enfermo, señor. Muy enfermo. Pues, supongo que será mejor que eche un vistazo. Shane, espera.

En la manta. ¿ Y bien? ¿Cuál es Greenwood? El hombre está muerto. Muy bien. MAYORW. ROGERS DI RECTOR ¿Qué rayos creen que hacen? ¡Todos vuelvan a sus cuartos! Nos toca a nosotros dar las órdenes ahora… mayor Rogers, señor.

¿Qué pasa? ¿Qué? ¿Qué quieren? ¡Déjenme salir! ¡Déjenme salir! Está bien, perrito. Está bien. Está bien, perrito. ¿Qué le hacen a mi perro? ¿Qué le hacen a mi perro? ¡Suéltenme! ¡Suéltenme! ¡Suéltenme! ¡Suéltenme! ¡Suéltenme! Parece que a su perro le está dando hambre, mayor Rogers. Aliméntenlo, por favor. Por favor, aliméntenlo.

Todo a su tiempo. Sí, pero deben alimentarlo. Será peligroso. Se pondrá como una fiera. Lo sé, mayor Rogers, señor. ¿Qué hacen… allá afuera? Lo verá… muy pronto.

Miren, denme algo de comer, por favor. ¡Por favor! No he comido ni bebido nada en más de dos días. ¡Por favor! Bueno, alimenten a mi perro por lo menos. ¡Por favor! Sí que lo alimentaremos… mayor Rogers, señor. Son unos… ¡No! ¡Shane! ¿Qué es todo esto? Me dirijo a un empleo nuevo. No sé… por qué me detuve aquí. Yo sí lo sé. Ya pueden irse. Pero ¿cómo podemos? ¿Dónde estamos? En un lugar adonde va la gente que murió sin arrepentirse. Verán, no les hacía una advertencia… sino les decía por qué están aquí… por toda la eternidad. Y ahora… ¿quién sigue? ¿Quizá usted?

FIN

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