La rana glotona

Viajando, viajando hemos llegado hasta Australia. Abre bien los oídos y escucha la voz de la tierra retumbar en el sonido del ‘’digerido’’. En este lugar las leyendas están escritas sobre piedra para no ser olvidadas, como la leyenda de Tiddalick, la rana glotona. Hace mucho tiempo en el tiempo de los sueños, mucho antes que las personas caminaran por la tierra.

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Australia era una isla repleta de ríos y lagos de hermosas aguas azules y bosques de eucaliptos verdes y frondosos. En ella vivía una rana gigante de nombre Tiddalick. Era tan grande que cuando caminaba hacía temblar la tierra a su paso, su sombra tapaba la luz del sol y cuando se enfadaba podía hacer caer de un grito hasta una montaña.

Una mañana Tiddalick se despertó con mucha sed:

-Aaahhh ¡Qué sed tengo! ¡Tengo mucha sed!

– Exclamó enfadada. Comenzó por beberse el agua de un lago cercano.

Se acercó a la orilla, tomó una gran bocanada de aire y sumergió su cabeza en su interior para beber pero el agua del lago se terminó muy rápido y cuanta más sed tenía, más se enfadaba Tiddalick. Fue bebiendo y bebiendo día y noche, primero un río, luego un mar y finalmente un océano hasta que no quedó ni una gota de agua en toda la tierra.

En el gigantesco estomago de Tiddalick estaba toda el agua fresca del mundo. Cansada de tanto beber dijo: -Voy a dormir un rato que estoy muy llena… Sin agua, el suelo se convirtió en arena, los árboles y plantas desaparecieron y todo se convirtió en un desierto. Mientras tanto el resto de animales se enfermaban al no poder beber agua. Un día se reunieron todos y el canguro propuso lo siguiente: – ¡Escuchad amigos! ¿Qué os parecería si vamos a ver Tiddalik y la intentamos convencer para que nos devuelva el agua? Todos estuvieron de acuerdo, y decididamente fueron a verla. Una vez la encontraron, el primero de probar suerte fue el canguro, después el koala y seguidamente el emu, pero ninguno de los tres consiguió que Tiddalik abriera ni siquiera los ojos.

Entonces, el canguro propuso una gran idea:

– Debemos hacer reír a la Tiddalik. Si ríe sin parar, conseguiremos que saque el agua que lleva dentro la barriga. Casi no tenían fuerzas porque estaban muertos de sed, pero todos juntos hicieron un gran esfuerzo para hacerla reír.

Los koalas explicaron chistes, los canguros hicieron unos saltos de circo muy graciosos y el emu puso sus caras más graciosas… Pero todo fue inútil, porque Tiddalik seguía durmiendo. Entonces, apareció la anguila, que les dijo: – Yo tengo una estrategia que puede funcionar… ¿Me dejaríais probar? Todos los animales, desesperados como estaban, accedieron a su plan. Entonces, la anguila comenzó a moverse muy rápido por sobre la rana, arriba y abajo, dando vueltas sin parar con unos extraños movimientos de baile. De repente, los mofletes de Tiddalick temblaron y Tiddalik comenzó a reír un poco:

– Je, je, je …, Y algo más …

– Je, je, je … je, je, je Y cada vez más fuerte:

– Ja, Ja, Ja, Ja !, Hasta que un chorro de agua comenzó a salir de su boca:

– Glup, glup, glup … Los animales gritaron de alegría:

– Viva, viva! Volvemos a tener agua!

Gracias pues a las cosquillas de la anguila, Tiddalik sacó toda el agua que tenía en el interior de su barriga. Ríos, mares y océanos se volvieron a llenar. Se rió durante tanto tiempo que se olvidó del hambre y de su mal humor. Es por eso que cuando el agua de ríos y lagos crece mucho en Australia inundándolo todo, La gente de allí sabe que es porque Tiddalick en ese momento se está riendo a carcajadas.

Y Catacric Catacroc este cuento terminó.