Eres la envidia

Eres la envidia
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Me resistía a hacer las tareas domésticas.

Las odiaba, no había remedio, y cuando surgía la vergüenza, la pesadez que mi dejadez conformaba en mi casa, me entregaba como una descosida a hacer todo lo que no había hecho en meses, en años, quizás: poner veinte lavadoras por hora, hacer la limpieza de todos los cristales con salfumán, vaciar, y llenar de nuevo, armarios de la cocina llenos de gusanos y latas caducadas, guardar en una bolsa aparte aquella ropa que ya hace demasiado tiempo que estorba en el armario de los niños, etc.

Esta situación era desesperante.

Envidiaba mi amiga Gimena, todo el día con el trapito en la mano.

Envidiaba mi cuñada María, andaluza, que tenía la casa más brillante que se haya visto nunca en el mundo, pero también tengo que decir que yo no era la única que actuara de esta manera.

Tenía amigas que también dejaban las cosas para el último día y hacían sólo lo justamente necesario, vaya, imprescindible en el día a día, y no por eso vivían traumatizadas.

La Marinó era un buen ejemplo, y siempre me decía con aquella vocecita fina, delicada: a tomar por culo la limpieza, niña !!

Nosotras somos mujeres modernas, ocupadas en otras tareas mucho más interesantes que ver folletos y estar con el quitamanchas en las manos !!

Y es claro que tenía razón, y mucha, pero siempre tenía esa impresión, aquella especie de culpa, que algo hacía mal, que mi hombre de seguro que, en el fondo del fondo, me reprochaba.

Aunque no me lo digas, que no fuera un poco más limpia, que no me ocupa algo más que ordenar todo, tener siempre a punto la ropa, la comida, la ropa planchada … y me arrepentía, me sentía culpable, por todo ello, de haber nacido mujer, mira por dónde !!!

Encima había esa vitrina, aquel armario cerrado con llave que me martirizaba tanto.

Era un lugar oscuro que no me atrevía a abrir nunca, que sólo destapaba cuando se acercaba mi cumpleaños, porque todo lo que allí se ocultaba eran regalos del Mauricio, regalos que no habían sido bien aceptados y, por este mismo motivo , tenía que esconder, de la manera más completa.

Mis amigas, sin embargo, deseaba verlo, siempre que podían, y por eso me visitaban a menudo.

Se morían de ganas de abrirlo, no entendían que me sintiera realmente ofendida por montón de aparatos que aquel insólito recinto almacenaba, y tenía que soportar, con cara de resignación, los halagos y criterios de unas mujeres que ya quisieran un hombre tan razonable como el mío.

Por favor !! Eso sí que era vergonzoso !!! Sólo por el hecho de que él, ÉL, se hubiera dignado regalarme, en los casi veinte años de matrimonio que llevábamos juntos, los utensilios más modernos y necesarios para hacerme el trabajo doméstico más agradable.

Y un pimiento !! Todo empezó cuando me regaló el centro de planchado.

En un primer momento me hizo feliz y la alusión, si tenemos en cuenta que yo, lo que se dice pasión por la plancha, no tengo, lo más mínimo, y como lo sacaba mucho vapor y deslizaba tan bien, pues me parecer que me haría esta tarea más fácil y agradable.

Pero no, este sueño duró varios días, sólo, y luego me dieron ganas de planchar a él, mira lo que te digo.

Hubiera deseado otro regalo para mi cumpleaños, porque de esta manera el mensaje subliminal que yo recibía era “niña, plancha más; ahora no tendrás excusas con esta maravilla de invento “.

Un asco, pues.

Después vinieron los aparatos útiles para cocinar, o para hacer cosas en la cocina como la báscula de cocina (para pesar los alimentos, quizás una indirecta ?, luego vi que sí !!),

la batidora (ya tenía una, ahora ya son dos !!), la cafetera eléctrica (cuando a mí siempre me ha gustado más el sabor que tiene el café hecho en la cafetera de toda la vida), el exprimidor (cuando en mi casa nadie ha tomado un zumo de naranja en su vida !!),

la freidora (sólo de pensar que después tengo que limpiar toda la grasa que hay por dentro, ya me canso; sigo friendo las patatas en un perol como se ha hecho toda la vida), la licuadora (está intacta desde el primer día que la vi, no se ha estrenado todavía),

la picadora (esta sí que la he hecho servir, ya era hora, ¿no ?, lo reconozco, se puede decir que es de las cosas que más me ha solucionado la vida,

pero esto hasta que el Mercadona puso a disposición del cliente la carne para las albóndigas, preparada ya para hacer las bolitas, freírlas y tal y cual);

la sandwichera, la tostadora, el aspirador, el cepillo de dientes eléctrico, la báscula (de nuevo) pero esta vez la de baño,

que no sé por qué tiene ese nombre, más bien debería ser la báscula de los disgustos,

porque cuando la escalas los kilos se hacen evidentes y no haces más que observar si el aparato falla por alguna parte,

o si es que eres tú quien has pasado últimamente con los dulces y los bocadillos.eres-la-envidia

Ah, y la depiladora, caramba qué mal que hace sacarte los pelos con este aparato, y el microondas, secadora, la lavadora, la vitrocerámica … en fin, ya sabéis de qué os hablo, ¿verdad? Todo, absolutamente todo, está en mi casa, y por eso soy la mujer más envidiada de mi barrio … piden turno y todo por el préstamo domiciliario !!Pues justamente todo esta nómina de utensilios eléctricos son los que mi buen hombre ha ido depositando en la taquilla de los cumpleaños con toda la buena intención de hacerme la vida de ama de casa más cómoda.

Y yo, mientras tanto, no hago otra cosa que esperar a que llegue, de nuevo, el día de mi cumpleaños para ver qué otro invento ha rescatado del Carretero, o de Dios sabe dónde, para cumplir con esta fecha.

Una injusticia, si vemos este gesto suyo como un signo más del machismo que impera aún en esta sociedad, o del poco interés que mi persona despierta en él, una de dos.

El caso es que me encontraba observando este taquilla la noche antes del día fatídico.

Tenía las tripas revueltos. Había hojeado los catálogos de electrodomésticos de los grandes centros comerciales para ver qué faltaba en mi casa, más que nada para hacer agujero, ya me entendéis.

Y esperaba, con una cierta ilusión aún, que esta vez el regalo fuera del todo diferente, no sé, una invitación a cenar, una sesión de masaje, un viajecito barato, un ramo de flores o una planta, esto sencillamente, o un beso, sí, un gran beso hecho con cariño, con mucho amor.

Cerré las luces y dormí pensando en todo esto mientras el Mauricio sonreía en sus sueños nocturnos.

Él siempre madruga más que yo, es otro de mis defectos, que soy dormilona, y por este motivo tiene por costumbre dejarme el regalo de cumpleaños encima de la mesa del comedor.

Cuando me he quitado no había nada, allí, y me he quedado un poco preocupada.

Ostras, igual este año sí hay sorpresa !! He hecho café con mi cafetera italiana de acero inoxidable de toda la vida, he planchado los uniformes de los niños con una plancha que no es su centro de planchado, he tostado el pan en una plancha que uso para estas cosas, he extendido la ropa que tenía pendiente de la tarde en el tendedero que hay en mi balcón exterior, y he preparado todo lo estrictamente imprescindible para tener a los niños a punto para su ida a la escuela.

Cuando se los he dejado, he vuelto a casa rápido para ver si había alguna novedad.

No ha sido así. No había ni un triste mensaje al móvil, ni el correo electrónico, ni al teléfono fijo de toda la vida.

Increíble! No lo puedo creer !! Ahora sí que me tiene totalmente parada.

No se debe haber recordado de mi día? Y de repente llaman a la puerta.

Descuelgo el teléfono del intercomunicador. Veo que es un trabajador de correos que lleva un paquete.

Ya está !! Ahora sí que lo ha hecho buena !!! Espero nerviosa que el pobre hombre venga en el ascensor con una caja bien grande y voluminosa.

-seguro, debe ser así, y me aplastan cuando lo veo entrar con un pequeño centro de flores secas y una tarjeta.

Bueno, no me puedo quejar pienso, al menos ha estado original, o diferente, sí, esa es la palabra.

Y me despido del de correos con la mente puesta en este sobre que ahora tengo delante.

No oso abrirlo, no sé el motivo. Me encantan las sorpresas, pero en esta ocasión tengo realmente miedo.

Y si no me gusta, ahora que ha hecho el esfuerzo de cambiar una tradición de tantos años? Uf, qué palo sería decirle que ahora tampoco ha acertado, no? Mejor no pensar en ello, mejor callarlo, no lo estropeamos, porque ya están suficientemente envueltas las cosas.

Marcho hacia el comedor, me siento en el sofá, bien me levanto de nuevo, guardo las flores sobre la mesa grande del comedor, y me decido a abrir el sobre.

Algo me dice que la delicadeza, los colores, la textura del papel con que está escrito ese mensaje no con la forma de ser del Mauricio, pero sigo.

Saco la goma con la que está pegado el trozo de papel, la carta más bien, que hay dentro de aquel sobre, y veo, al final de todo, tres nombres: Gimena, Marta y Marilú.

Y este es el mensaje que estas tres amigas me envían: Estimada amiga, ya hace muchos años que valoramos y admiramos tu vitrina.

Hace ya muchos años que sabemos que todo lo que contiene no tiene sentido para ti, y es por eso que hemos decidido, entre las tres, que lo olvides para siempre y disfrutes, como te mereces, del día de tu cumpleaños.

Prepara la maleta que te vas, sí, te vas, sola, ah Venecia, en el Teatro Le Fenice, uno de tus sueños, a sentir y vivir La Traviata, de Giuseppe Verdi.

Tienes un billete de avión, una entrada para la ópera y un vestido para la ocasión esperándote.

No digas nada, sólo hazlo, corre !! Eres la envidia de todas nosotras. Que seas muy feliz, Gimena, Marta, y Marilú.

 

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