Cómo Dejar de Preocuparse y Empezar a Vivir

Cómo Dejar de Preocuparse y Empezar a Vivir
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La cabeza empezó a dolerle, lo cargaron a su casa, donde murió después en brazos de su mamá. Y puede imaginarse lo afligida, desconsolada que debe haber estado tras esperar todos esos años. Ahora su único hijo no está. Consiguió un caballo y salió a toda velocidad a casa de Eliseo en el monte Carmelo. Eliseo la vio venir desde una larga distancia. El polvo subiendo en nubes, y se preocupó. Dijo a su ayudante Giezi: ve y habla con la mujer y averigua si algo anda mal. Saltó sobre su caballo, Giezi, y le cortó el paso a la mujer. Dijo: déjame preguntarte, Eliseo está preocupado, ¿pasa algo malo? Sin dudar nada ella dijo ¡no! todo está bien. Siguió a toda velocidad a casa de Eliseo. Giezi pensó, no tiene sentido, volvió a alcanzarla por segunda vez. Señora déjeme preguntarle una vez mas ¿está todo bien en su casa? Dijo sí, todo está bien. ¿Está todo bien con su esposo? Sí, todo está bien. Luego pregunto ¿está todo bien con su hijo? Dijo de nuevo: todo está bien. Bueno Joel no voy a mentir y si no está bien no voy a decir que está bien. Bueno realmente de eso se trata la fe. La escritura dice que llame las cosas que no son como si ya lo fueran. Cuando la situación no se ve bien, no ve como podría lograr su sueño, su hijo se ha desviado, cada voz dice: no va a suceder, es muy tarde solo acéptalo. Pero toma una decisión y dice como esta mujer, todo está bien. No es solo ser positivo. Está profetizando su futuro. Habla, ve a su futuro. No use sus palabras para describir su situación, úselas para cambiar su situación. Es fácil hablar del problema, porque no va a resolverse, bueno yo solo creo en decirlo como es. Mi espalda me ha dolido 13 años, nunca me liberé, he tenido esta adicción desde bachillerato, jamás la venceré. Eso es profetizar derrota. Por qué no hace como esta señora. A pesar de dificultades, de no ver una señal de cambio. Atrévase a decir: todo está bien. Perdió un ser amado, debería estar deprimido, no, todo está bien. Dios aún sigue en el trono. No obtuvo el ascenso, su amigo dice: no está bien, te lo mereces, no participe, si, no soporto a mi jefe. No, todo está bien, algo mejor viene.

El informe médico no fue bueno. Sí, pero Dios es bueno, todo está bien. Ha estado en una sequía, no ha tenido un cambio bueno en mucho tiempo. Sí, pero no estoy preocupado, sé que la abundancia de lluvia viene, todo está bien en mi vida. Esa señora llego por fin a casa de Eliseo, le dijo que su hijo había muerto. Eliseo subió a su caballo fue a su casa, oró por el niño y volvió a vivir. Un gran milagro. Pero no creo que esto hubiera sucedido si ella se hubiera quedado compadeciéndose, desanimada, Dios no es justo. Pasó porque creyó que todo estaba bien antes de ver la señal de que así fuera. Quizá está en una situación ahora mismo que no está bien. No está bien de salud, no está bien en sus finanzas, no está bien en una relación. Tiene una elección. Puede aceptarlo, desanimarse, quejarse o puede hacer lo que esta señora. A pesar de lo que parezca, a pesar de lo que su mente le diga, de los informes negativos, puede atreverse a decir: todo está bien. Eso hicieron Pablo y Silas en la escritura. Estaban en la prisión. Acababan de ser golpeados con varas. No hicieron nada malo. Pero a media noche estaban cantando alabanzas a Dios. Ellos decían: no estamos consternados ni molestos, todo está bien. En ese momento hubo un gran terremoto, la prisión les fue abierta, se les cayeron las cadenas, salieron como hombres libres. Job atravesó un tiempo de grandes problemas. Perdió su salud, sus negocios, todo le salió mal pero no se amargó. Dijo: aunque Él me matare, en Él esperare. Estaba diciendo, si es a mi manera o no es a mi manera, todo está bien. Aquí está la clave. Si necesita que todo sea a su manera para estar feliz, se está preparando para la decepción. Una actitud madura es: todo está bien si mis oraciones son respondidas y todo está bien si no son contestadas. Todo está bien si son buenos conmigo y todo está bien si no son buenos conmigo. No es movido por las circunstancias, eso le quita al enemigo poder. Cuando no tiene que ser a su manera, él no lo controla. Usted dice Dios, mi vida está en tus manos, sabes qué es mejor para mí.

Daniel hizo eso. Estaba por ser echado a un foso con leones hambrientos. Su actitud fue: si estos leones me comen, iré a la presencia del Señor hoy, todo está bien. Si no, me quedaré y terminaré mi carrera, todo está bien. La mañana siguiente los guardas vinieron a verlo. Puedo imaginar a Daniel acostado en el foso de los leones, dormido en paz, en descanso. ¿Sabía que el enemigo no determina nuestro destino? Dios determina nuestro destino. Cuando tiene la actitud de todo está bien, no es movido por las cizañas, no se molesta por una decepción, no pierde el sueño porque alguien le hizo daño, no se amarga porque sus oraciones no fueron contestadas a su manera, sabe que Dios aún está en el trono y Él lo llevara a donde debería estar. Leí la historia de un Hombre llamado Horacio Spafford y fue un empresario rico que vivió en los 1800. Una noche su esposa y 4 hijas cruzaban en barco el atlántico. Chocaron contra otro barco y sus 4 hijas se le murieron. Su esposa mando un telegrama con la terrible noticia. Unas semanas después el señor Spafford cruzaba el atlántico para ver a su esposa. En un punto el capitán del barco informo que estaban en el sitio exacto donde sus 4 hijas perdieron la vida. Saco un bolígrafo y escribió estas palabras: cuando paz como un río acompaña mi camino, cuando tristezas como el mar se mueva, cual sea mi suerte me has enseñado a decir: mi alma está bien. No importa lo que nos suceda, necesitamos ser capaces de decir: mi alma está bien. Quizá la vida me ha lanzado algunos reveses pero mi alma está bien. Aun no se han realizado todos mis sueños pero está bien. Atravesé un divorcio pero no estoy amargado, está bien. Perdí un ser amado, no lo entiendo, pero mi alma está bien. Hace 15 años este jueves, mi papá partió con el Señor. Recibí una llamada de mi mamá esa noche. Joel vente rápido, tu papá tuvo un infarto. Murió al día siguiente. Parecía que todo estaba fuera de control. No sabíamos lo que iba a pasarle a la iglesia ¿seguiría viniendo la gente? ¿Quién sería el pastor? Había todas esas preguntas. En medio de esa tormenta las olas parecían tan grandes, e viento rugía, nos pudimos haber desanimado, deprimido realmente. Hicimos lo que le pido que haga, dijimos por fe, todo está bien.

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